
Marzo 2006
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| Diego, ¿de qué color ves el agua? –indaga el guía de San Rafael, Guillermo Moyano. – Color azul, y más verdoso aguas abajo –responde Diego Valsecchi. – Yo lo veo color ¡ay ay ay! –interrumpe Guillermo. – Color ¡hay que remar muy fuerte! me parece a mí –acota Diego Ibáñez, un guía de aguas blancas nacido en Arequipa, Perú. La previa del río Diamante carece del típico lujo de las bajadas de rafting comerciales; simplemente porque no es una expedición tan comercial. Aquí, las bajadas en un verano se cuentan con los dedos de la mano. Pero la previa del Diamante tiene la "¡Curva de la Felicidad! –comenta Pato Valsecchi, organizador de la salida y guía de la balsa– que así la llamamos porque en ese recodo del río vemos si realmente están liberando agua suficiente o no desde la usina". EN EL RECIBIDOR. El indiferente paisaje fabril de la central hidroeléctrica de Agua del Toro acompaña los minutos que demanda alistar la balsa y el equipo necesario para la expedición. Los pocos empleados que se advierten alrededor de la usina se mueven con discreción, con aire de estar guardando tras los cables y los muros algún secreto de Estado que no puede revelarse. "¡Yeah, tenemos agua! Seguramente una turbina o una y media", se entusiasma Pato. El tramo del rafting del Diamante transcurre entre dos diques, el Agua del Toro y Los Reyunos. En medio, el Cañón de los Cóndores. Por lo general, a la una terminan de abrir la segunda turbina. "¡Bajemos de una vez al río!", propone Pato. SIN VUELTA ATRAS. Para los tripulantes sin experiencia, en la orilla se siente algo parecido al temor, pero no es temor, sino la incómoda sensación de aquello que está por llegar y por la que tranquilamente se podría no estar pasando. Uno podría estar en las termas del Sosneado, o degustando un buen Cabernet Sauvignon. Pero el estado de ánimo repunta apenas se toca el agua: "¡Es el rafting más fuerte que vas a encontrar en la región!", motivan los guías. En Salta o Bariloche te dicen: "Si querés algo potente andate al Diamante". No hay retorno, el Diamante es un clase V de punta a punta, porque una vez adentro del cañón de los Cóndores no hay escapatoria por cinco horas. Pero la dificultad está disimulada por una geografía elegante; los cerros aledaños son como trapecios oprimidos en la parte superior. |
La subsecretaria de Turismo, Gabriela Testa, y cuatro empresarios recordaron, como prueba de que es una actividad de “bajo riesgo”, que en veinte años “sólo hubo dos muertes por esta práctica.
Reunión. La subsecretaria de Turismo, Gabriela Testa, y representantes de las empresas de rafting, en diálogo.
En 20 años de actividad comercial que llevan las empresas de rafting en Mendoza se han producido dos muertes de pasajeros que practicaban este deporte de aventura en los ríos locales. Con esta cifra que mostraron ayer representantes del Gobierno y de empresas de rafting buscan dejar en claro que este deporte, a pesar de ser de riesgo, es seguro. La subsecretaria de Turismo, Gabriela Testa, aseguró como prueba de que la actividad es segura que las compañías aseguradoras más sólidas prestan cobertura a las empresas. “Desde el momento en que las aseguradoras comenzaron a visualizar un negocio en la venta de pólizas a las empresas de rafting, es porque representan una actividad de bajo riesgo”, explicó la subsecretaria. Las inquietudes respecto a la seguridad que depara la práctica del rafting en los ríos mendocinos surgió luego de que un turista norteamericano muriera mientras practicaba ese deporte con la empresa Ríos Andinos. El primer caso mortal se produjo hace dos años con una víctima de la misma empresa. Por eso ayer se reunieron la subsecretaria Gabriela Testa, el titular de la asociación que nuclea a las agencias de viajes, Eduardo Andía, y cuatro representantes de las empresas de rafting que operan en el río Mendoza, Humberto Peroni, de Betancourt Rafting; Martín Moreno, de Argentina Rafting Expediciones; Juan Pablo Celerón, de Ser_O Outdoors, y Sergio Brunetti, de Ríos Andinos En Mendoza en realidad hay 23 empresas habilitadas para hacer excursiones de rafting, pero la mayoría están asentadas en el río Atuel, en San Rafael. Allí este deporte no reviste la complejidad que puede tener en el río Mendoza porque el Atuel es un río controlado, donde el agua baja más despacio y sin diferencias de caudal, lo que lo hace menos riesgoso. Testa recalcó que las empresas cumplen “con todas las normas de seguridad necesarias para garantizar tranquilidad a los clientes; de todas maneras vamos a seguir haciendo hincapié mediante campañas de información dirigidas a los turistas para que asuman con responsabilidad la práctica de un deporte de riesgo”. Además adelantó que el Estado colaborará para que se abra una Escuela de Guías de Rafting con la intención de formar más personal especializado en estas tareas. Los referentes de las empresas plantearon además que las bajadas en gomones se adecuan con la época del año y el tipo de clientes. “Hay ciertas períodos en los que el río tiene más caudal, cuando no se hacen bajadas con niños, con adolescentes o grupos de estudiantes. Este tipo de viajes se hacen además en recorridos más cortos y en las épocas donde el río tiene menos agua. Esto se define todos los años con una medición del caudal que se realiza entre el 15 de diciembre y el 15 de enero”, acotó Moreno, de Argentina Rafting.
Comentario |
Adictos a la adrenalina “Lamentablemente tenemos un problema en todo lo que se relaciona con los deportes de aventura; en esto coincidimos tanto con la gente del rafting como con los guías que están en el parque Aconcagua; y es que hay mucha gente que tiene un adicción a la adrenalina y poco conocimiento de sus capacidades psicofísicas; estas dos particularidades hacen que no sepan medir los peligros con relación a sus capacidades. Los profesionales que trabajan estas actividades de riesgo saben detectar este perfil de visitantes”, explicó la subsecretaria de Turismo, Gabriela Testa. Por su parte el titular de Ríos Andinos, Sergio Brunetti, remarcó que la empresa cumple “con todas las normas de seguridad, además de contar con todo el equipamiento necesario (chalecos y cascos); también se les explica a los visitantes en una charla previa cuáles son los riesgos que afrontan al practicar esta actividad, firman un documento donde deben aclarar las dolencias que puedan tener y se les da una charla de primeros auxilios; además todo el personal es bilingüe, inclusive muchos hablan hasta cinco idiomas”, explicó Brunetti. También remarcó que el amigo que acompañaba a la víctima no demandó la firma. |
Fuente: Diario Uno Sección: Mendoza
Fecha del Articulo: 12-01-2007
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